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El discurso de boda de los padrinos: cómo escribirlo sin que sea un horror

Todos hemos escuchado un discurso de boda malo

Ya sabes a qué me refiero. El que dura veinte minutos y empieza con «cuando conocí a María hace treinta y dos años...». O el que es básicamente una lista de logros académicos del novio. O el que intenta ser gracioso y solo hace gracia a quien lo escribe.

Un discurso de boda malo puede tensar el ambiente durante un buen rato. Uno bueno hace llorar a la mitad de la sala y reír a la otra mitad. Te cuento cómo conseguir lo segundo.

La estructura que funciona

No hace falta inventar nada. Los discursos de boda que funcionan tienen una estructura bastante clara:

Si respetas esa estructura, el discurso ya tiene cimientos. El resto es rellenar con honestidad.

La anécdota: el corazón de todo

Esta es la parte más importante y la que más gente se salta. Muchos discursos de boda son una lista de adjetivos bonitos sobre el novio o la novia — «es el mejor amigo que nadie podría tener, siempre está ahí, es generoso y leal» — sin ninguna historia que lo demuestre.

Una anécdota específica vale diez veces más que cien adjetivos. «Recuerdo cuando llevamos a Pablo al aeropuerto a las cuatro de la mañana porque había perdido el vuelo y en ningún momento nos lo pidió — simplemente apareció en mi puerta con la maleta» dice más sobre Pablo que cualquier descripción.

La anécdota no tiene que ser épica. Puede ser pequeña, cotidiana, incluso ligeramente ridícula. Lo que importa es que sea real y que ilustre algo verdadero sobre la persona.

El humor: úsalo con cuidado

El humor en un discurso de boda puede ser maravilloso. Pero hay una regla de oro: nunca a costa de algo que avergüence a los novios o que no quieran que toda su familia sepa. Lo que para los amigos es gracioso puede ser una bomba si los padres de la novia están sentados en la primera fila.

El humor que siempre funciona es el que tiene ternura. Reírse del cariño que sientes, del caos de ese viaje compartido, de lo mucho que han cambiado desde que los conoces.

La duración: menos siempre es más

Un discurso de boda perfecto dura entre tres y cinco minutos. Seis si tienes mucho que decir y sabes que el ritmo es bueno. Más de eso y la gente empieza a mirar el teléfono, aunque intenten disimularlo.

Escríbelo, léelo en voz alta con un cronómetro, y si supera los seis minutos, corta sin piedad. Las cosas que eliminas suelen ser las que sobran.

Practicar en voz alta es imprescindible

Leer un discurso en papel y decirlo en voz alta son dos cosas completamente distintas. Hay frases que quedan bien escritas y que suenan rarísimas al pronunciarlas. Practica al menos tres o cuatro veces antes del día. Si puedes grabarte con el móvil, hazlo — escucharte es incómodo pero útil.

Y el día de la boda, si tienes el papel en la mano, está perfectamente bien. No tienes que memorizar nada. Lo que importa es que cuando mires a los novios, sea de verdad.

Si eres de los padrinos y quieres saber todos los detalles del día para coordinar bien el discurso con el timing, lo más práctico es que los novios tengan su web de boda en marcha. En weddingszone.com pueden compartir el programa completo del día para que cada momento encaje.

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